Después de retirar a los niños de la escuela y llevarlos a lo de Sofía, madre de los niños y ex esposa de Anselmo, me dirijo a la casa donde trabajo como niñera y tengo fijada mi residencia.
Como ocurre los fines de semanas, que los niños están con su madre, los aprovecho para recuperar las horas de estudios que, por atención a los pequeños, no haya podido realizar. Mi prioridad siempre fue mi carrera como estudiante en ciencias económicas.
Cuando llegué a la casa de la familia Achaval, para trabajar de modo ocasional como babysitter, lo hacía cada vez que, por cuestiones laborales o sociales, el matrimonio debía ausentarse. Algunas veces salían juntos pero la mayoría de las veces lo hacían por separado. Esto se repetía entre dos y hasta tres veces por semana.
Esta actividad la realizaba para ayudar a solventar económicamente el costo de mis estudios.
…
Después de un tiempo deje de ser empleada ocasional. Con el nombramiento de un nuevo gerente, en el importante grupo empresarial donde trabaja Sofia, esta fue promovida a la subgerencia. Por el incremento de responsabilidades y la ampliación de los horarios que, como ejecutiva, Sofía tuvo que cumplir, yo tuve que hacerme cargo, con dedicación exclusiva, del cuidado de los niños e irme a vivir a la casa de la familia Achaval.
Por no conocer los hábitos y la cotidianidad del grupo familiar, me llevó un tiempo poder adaptarme.
Siempre los niños me han provocado una gran ternura, pero en este caso, con esto hermanitos mellizos, mi cariño fue total.
No tardé demasiado en ponerme al tanto de cómo llevar adelante mi tarea en el cuidado de los pequeños.
Tanto Anselmo como Sofía fueron depositando en mí la confianza necesaria en el manejo del funcionamiento de la casa. Para colaborar con mis tareas, tomaron a una joven señora como empleada doméstica.
Yo fantaseaba que era la ama de casa que tenía todo en orden a la espera de la llegada de Anselmo. Estaba impactada por el rubio, atlético y guapo jefe de familia.
Los primeros tiempos en su nuevo cargo, Sofía, regresaba de la empresa a un horario ciertamente normal. Pero de a poco esos horarios, en algunos días a la semana, comenzaron a alterarse.
Ésto trajo aparejado un cambio de actitud por parte de Anselmo, respecto a Sofía. El cruce de miradas y de gestos poco amables de él que, al parecer, Sofía no registraba. Ella estaba como en otro mundo. Alguna vez le escuché decir, en tono de sorna, “estás celoso de mi carrera profesional”.
Sofía había conocido a un joven universitario que hacía una pasantía en la empresa donde ella había sido nombrada sub gerenta en el área de comercialización.
Sofía perdió la cabeza por ese atlético, guapo y bien dotado joven. Sus ausencias nada tenían que ver con sus responsabilidades ejecutivas.
Se descuidó y levantó sospechas. Anselmo la hizo seguir y, cuando supo de su relación con el universitario, le pidió al investigador que la siguiera y filmara alguna escena escabrosa. El implacable seguimiento ordenado por su marido dio resultado. El sabía —como abogado que es— que en un divorcio por infidelidad ella se iba a quedar con los niños y por ende la casa y encima le iba a tener que pasar dinero por manutención. Pero, con algunas escenas truculentas, la iba a poder chantajear: su copetuda familia, el cargo en la empresa, sus vínculos sociales y su desapego a los niños, eran los elementos con los cuales él contaba para dejarla fuera de su vida y de los niños. Sofía era la amante sumisa del joven adonis que la compartía con un compañero de estudio y de vivienda. La orgia fue filmada. Cuando Anselmo la amenazó con mostrar las sesiones orgiásticas, un fuerte elemento de presión y chantaje, Sofía, no pudo poner ni las manos y terminó firmando todo lo que le pusieron sobre la mesa. Renunció a la tenencia de los niños que solo pueden estar con ella dos fines de semanas al mes. Lo único que Sofía logró fue suspender por un tiempo el trámite de divorcio. Ella quería un tiempo para poder, más adelante, arreglar el desastre provocado por su calentura con el joven universitario. Anselmo aceptó. El juicio de divorcio traía un riesgo legal que él quería evitar. Se acordó en forma privada mediante documentos que fueron registrados por escribano público. No obstante, a los pocos días, Anselmo hizo,no una denuncia, sino una exposición policial constatada oficialmente por abandono de hogar por parte de su cónyuge.
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Candelaria:
Anselmo, al quedarse con la tenencia de los niños retuvo, entre otras cosas, la propiedad y todo lo que había en ella.
Con los horarios extendidos por su cargo de subgerente y las permanentes escapadas con sus jóvenes amantes, Sofía, era una visita en la casa. Los niños casi ni notaron la ausencia de su madre.
Ambos ex cónyuges estuvieron de acuerdo y, por la correcta relación que tenía con ellos, me hice cargo de los niños y toda la responsabilidad en sus cuidados recayeron sobre mí que, me convertí de hecho, en su madre de crianza.Tuve que ajustar todas mis actividades para estudiar y asistir a la facultad de ciencias económicas, donde espero recibirme como licenciada en administración de empresas.
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Candelaria, una bella muchacha de un metro setenta de estatura y un físico bien proporcionado, muy atractivo; de piel morena, largos cabellos oscuros y ojos verdes de mirada intensa. Ella no era indiferente a la presencia de Anselmo, hombre guapo y atlético.
A pesar del tiempo que el cuidado de los niños le quitaba a sus estudios, el cariño que sentía por ellos más las circunstancias por la que estaban atravesando y, “alguna otra cosa un poco más oscura” tomó la decisión de ralentizar por un tiempo sus estudios, y demorar su carrera universitaria.
Despues de lo acontecido todo volvió a una normalidad muy distinta, pero normalidad al fin. Candelaria quedó como la mujer de la casa.
Anselmo depositó en ella su confianza y ella no lo defraudó. Él con su perfil de tipo duro, carácter ciertamente altanero y un tanto arrogante, hasta para ser amable lo hacía casi con prepotencia.
“Basta Cande con eso de decirme señor Anselmo. Anselmo o gringo. No voy a volver a aceptar que me trates de usted o señor. Somos familia ¡Carajo!”.
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Anselmo cayó en un estado de ánimo abatido. Él amaba a Sofía, una bella mujer de un gran atractivo: senos generosos, cabellos rojizos, piernas y gluteos perfectos y además era talentosa e inteligente. Que un veinteañero te sople la dama, para un tipo como él, era todo un bajón.
Candelaria después de cenar acostaba a los pequeños, se vestía con ropa de cama, preparaba café y tenía largas charlas de sobremesas, en las que él aprovechaba para encender un cigarrillo y hacer anillos de humo en el aire y diciendo: esto con Sofía no podía hacerlo. Candelaria no fumaba pero le encantaba verlo fumar y divertirse jugando con el humo de su cigarrillo.
Sin mostrarse afectada por la atracción que sentía por él, lo acompañaba y le daba palabras de consuelo. Era algo que hacía con sus sentimientos a flor de piel.
El paso del tiempo y las largas conversaciones con Candelaria le fueron cambiando el carácter y de a poco la altanería fue desapareciendo y se fue convirtiendo en una persona más reflexiva.
El golpe había sido muy duro como para seguir sin aceptar sus vulnerabilidades. Entonces, comenzó a abrirse y desnudar sus sentimientos hacia Sofía: “Jamás le fui infiel. Ella sospechaba de Elena, socia del estudio que fundó mi padre. Elena ingresó como asociada siendo muy joven. Cuando mi padre se retiró ella aportó su visión, su perspectiva, con conocimiento y oficio, yo aporté mi preparación de abogado joven que logré asistiendo a mi padre en los tiempos de estudiante de derecho. La enjundia que Elena le reclamaba a mi padre y que él había perdido la encontró en mí. Fuimos un tándem muy exitoso. Pusimos al bufete entre los más importantes de la ciudad y la región. Pero jamás tuvimos nada, eso sí pasábamos gran parte del tiempo juntos ocupados en las distintas estrategias legales de los distintos casos que tramitaba el estudio.
Ella tiene desde siempre una relación con un abogado asociado al bufete. Es muy guapa”.
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Anselmo era muy atractivo para las féminas. Sofía estaba convencida de que él había tenido algunos amoríos y siempre sospechó de Elena su socia en el estudio, jamás pudo corroborarlo, pero estaba convencida de eso y solían tener arduas discusiones al respecto. Por eso, cuando quedó impactada por el joven pasante pensó en vengarse, pero se le fue de las manos y su vida quedó despedazada.
…
Candelaria era la encargada de llevar e ir a buscar a los niños cuando tenían que estar con su madre. Se conocían y tenían una relación de cierta cercanía. Así fue como Candelaria se enteró de todo lo sucedido. Su sello de fidelidad era su silencio. salvo algún detalle que ella considerara marginal, Nada le decía a Anselmo, de lo que hablaba con Sofía y nada le decía a Sofía de lo que hablaba con Anselmo.
Algún día en la semana, Candelaria, llevaba a los niños para que merendaran con su madre. Anselmo no puso impedimento para que esto ocurriera. Después de lo sucedido Sofía no volvió a ver al joven pasante. No sabía cómo explicar lo ocurrido con su matrimonio. Quería recuperar a Anselmo pero sabía que en lo inmediato eso era imposible. El golpe fatal fue cuando, por medio de Candelaria, se enteró que algunas de las arpía de sus amigas habían ido a visitar a Anselmo para invitarlo a salir y, que la socia de Anselmo salía desde siempre, con un socio del bufete, qué no era Anselmo.
…
Los tiempos fueron transcurriendo en su cotidiano devenir, cuando una tarde, Sofía, esperó a Candelaria a la salida de la facultad y la invitó a tomar algo y a conversar. Al intentar explicarle a Candelaria su infortunio amoroso con la peregrina idea de qué la muchacha pudiera, por su cuenta, interceder de alguna manera para que Anselmo reconsidere su actitud y poder así tener una relación de cercanía que mejore el desempeño que, como padres, deberían tener en la formación integral de sus hijos.
Fue muy loable lo de Sofía pero, en realidad, lo que quería era volver con Anselmo y ese acercamiento era el primer escalón para ese intento.
Candelaria la vio venir y aprovechó para llevarla a su terreno y hacer que Sofía le cuente con detalles su historia con Anselmo y su relación con el joven pasante.
…
Sofía:
Debo decir que vengo de una familia acomodada que me permitió recibir la mejor educación posible. Pero tuve que competir con mis hermanos varones a los que se les facilitaron todas las opciones para desarrollarse y alcanzar las metas que en su momento se propusieron.
Yo también me planteé metas que intenté alcanzar a pesar que mi familia pretendía casarme con una suerte de príncipe, alguien importante del mundo empresarial.
El joven mago de las finanzas y heredero de una importante fortuna con quién mis padres me querían vincular, tenía todo para ser un gran partido. Pero yo quería jugar, no ser la damisela de un jugador.
Al rechazar las sugerencias les hice saber a mis padres que yo tenía tanto derecho, como mis hermanos varones, a sentarme en la mesa donde se toman las decisiones en el manejo de los negocios familiares. Me ofrecieron un cargo irrelevante en una sección administrativa en una empresa del grupo.
Por medio de un ex compañero de la facultad cuya familia tiene un importante paquete accionario en el grupo y por el currículo y ser quien soy ingresé al grupo con un cargo jerárquico que me permitió iniciar una carrera
Mi familia insistió en casarme con el príncipe de las finanzas.
Entonces apareció Anselmo. Un abogado brillante que en poco tiempo al frente del bufete qué heredó de su padre y a pesar de su juventud, con una enjundia muy particular hizo que el estudio sea uno de los más importantes de la ciudad.
Mi familia aceptó a regañadientes y yo tuve la sensación de haberme quitado de encima un yugo insoportable.
Los primeros tiempos con Anselmo fueron muy intensos él dedicado a su exitosa profesión y yo escalando en la estructura ejecutiva del grupo. Entonces llegaron los mellizos.
Esto retrasó mi llegada a la gerencia y después de algunos años tuve el premio consuelo de la subgerencia. He vivido reprochándole a Anselmo el párate en mi carrera profesional. Como buena niña rica le eché la culpa de mis frustraciones a otro, en este caso a Anselmo. Se reprodujo en mi vida conyugal, por mi escasa madurez e inexperiencia, la misma situación que en mi familia: mis hermanos mayores exitosos y yo dejada a un costado. Anselmo no tenía la culpa de ser exitoso y yo rezagada en mi función en la empresa. Inmadura y como toda niña rica descargué sobre Anselmo las culpas inclusive tomé distancia de mis niños, algo que nunca me voy a perdonar, todo por no poder enrostrarle a mis padres mi capacidad de liderazgo y valía como profesional.
El nombramiento de subgerente me llegó con mucho retraso. Hace tiempo que yo tenía que ser gerente y estar peleando por un cargo en el directorio.
El nombramiento lo tomé como un premio consuelo y esto aumentó mi inestabilidad emocional y, las peleas con Anselmo eran más frecuentes de lo debido. Lo acusaba de ser amante de Elena, una mujer madura y muy atractiva, la socia y estratega que le ayudó a poner el bufete en un lugar importante. Estaba convencida de su amoríos con ella. Ahora que lo veo a la distancia, era muy conveniente sospechar porque me daba motivos para el enojo en el que estaba permanentemente hostigando a Anselmo.
Entonces apareció Jhonatan, un adonis, un dios al que se le tiraron todas, desde una directora hasta la gerente de recursos humanos. Pero el tipo se fijó en mí, subgerente del área comercial. Sabedor del efecto que provoca en el sexo opuesto se acercó con cierta delicadeza y, sin dejar de insinuarse, comenzó a seducirme. Lo hice pasar y le di un lugar en mi despacho para encargarle que realice unas tareas de cálculo y ahí comenzamos a tener largas charlas en las que él no dejaba de tirarme ondas y se las aceptaba sin más.
Por cuestiones administrativas tuve que viajar a una planta industrial que es controlada por el grupo. Le pregunté si me podría hacer de chofer. El viaje fue de tres horas. Al llegar tuve que realizar ciertos relevamientos, en los cuales él colaboró. Cuando salimos de regreso ya estaba oscureciendo. En medio del viaje deslicé mis faldas hacia arriba y dejé mis piernas al descubierto. No demoró mucho en comenzar a acariciarlas. Recuerdo que atendiste tú cuando llamé a casa para avisar que me iba a quedar en un hotel, porque tenía miedo de conducir de noche en la ruta. La decisión de ser asistida por un conductor era una decisión que formaba parte de mis atribuciones. Nadie sabía que él conductor era Jhonatan.
Nos metimos en un motel y amanecimos revolcándonos.
Estuvimos de regreso al mediodía, fuimos a almorzar y después le di el día libre. Volví a mi despacho para redactar el informe de lo actuado en la planta, después me volví a casa. Me duché, comí algo y me metí en la cama. No sabría cómo mirar a Anselmo en la cara.
Al día siguiente Jhonatan estuvo distante. Alivio por un lado —si esto se corta aquí, me dije, será un secreto que morirá conmigo—. Ese viernes, a la hora de salida, me dirigí a la cochera y, cuando estaba por subir a mi vehículo apareció Jhonatan con una inmensa moto de alta cilindrada. Me miró con esa sonrisa sobradora y perversa que tiene. Casi como un autómata dejé mis cosas en el auto y me subí a su moto. Me llevó a una casa que comparte con un compañero de estudios en las inmediaciones de la universidad. Estuvimos teniendo sexo durante horas. Llegué a casa pasada la una de la madrugada. Me duché y cuando me acosté, Anselmo, se giró hacia el lado opuesto. Una clara muestra de su enojo. Algunos viernes he regresado bien tarde, pero primero llegaba a casa, me cambiaba y luego salía a algún evento o con amigas. Esto fue sin avisar y totalmente infrecuente.
El lunes la tónica de mi relación con Jhonatan tomó un cariz de intensidad, desmesura y excesos. Yo estaba en mi despacho sentada en la mesa de la sala de reuniones, con carpetas y documentos desplegados para hacer un control estadístico de recientes operaciones comerciales. Entonces, él ingresó sin hacerse anunciar y, después de cerrar la puerta con llave, se paró frente a mí, sacó su miembro y muy descaradamente me dijo: “chupamela puta”. Mientras succionaba su hermoso pené pensaba en qué momento me convertí en tamaña puta. Asumirme como puta me excitó de tal manera que con mis dedos acariciando mi entre piernas y con su miembro en mi boca, tuve un orgasmo brutal.
Ese momento marcó el punto de quiebre que cambió y arruinó mi vida definitivamente.
Le dije a Jhonatan: voy a ser tu puta pero fuera de los horarios de trabajo. Cuando nos encontremos, donde tú lo decidas, estoy dispuesta a aceptar que me hagas de todo. Y se cumplió, me llevó a su casa y con su amigo me hicieron volar de placer. Perdí el sentido y control de todo. Lo demás tú ya lo conoces.
Cuando esto salió a la luz fue cuando desperté y no sé cómo arreglarlo y, como se dieron las cosas, no sé si alguna vez lo podré arreglar. Lejos de Anselmo y sin los niños no soy nada. Que cruel es valorar tanto las cosas cuando las has perdido.
…
Nada de lo que contó Sofía a Candelaria salió de la boca de la muchacha. Al único que tendría sentido contárselo sería a Anselmo pero sabía que todo esto le provocaría un gran dolor.
Luego pensó: “no soy su amiga, me lo contó todo, como si tuviera la necesidad de desahogarse. Cuánta soledad anida en el corazón de esa pobre niña rica”.
…
El tiempo transcurría con cierta normalidad. Los años pasaban y los niños iban creciendo. A medida que esto ocurría iban adquiriendo cierta autonomía. Esto hacía que no fueran tan demandantes de atención y cuidados. Circunstancia que le daba a Candelaria tiempo y espacio para sus estudios y cuidado personal.
…
Candelaria:
Cuando fui a retirar los niños de la escuela, me hicieron saber del faltaste del libro de inglés y un cuaderno de la misma materia.
Uno de los niños los dejó en casa de Sofía. Dejé a los chicos en casa para que la señora que trabaja de empleada doméstica les diera la merienda y me fui a lo de Sofía en busca de dichos materiales de estudios. Sofía no se encontraba, me quedé sentada en el auto esperándola y al rato llegó traída por un señor al que, al despedirse, le plantó un apasionado beso. No quise sorprenderla, esperé un rato y entonces la llamé para decirle que estaba yendo a buscar el libro y el cuaderno de inglés.
En alguna conversación me negó cualquier contacto con ningún tipo. Si, claro, pensé. Anselmo la sigue teniendo en su corazón pero sé que algunas veces sale con alguna mujer. A ella le debe pasar lo mismo.
…
He fantaseado con Anselmo desde el primer día en que lo conocí pero nunca le di a entender nada.
Ha pasado un largo tiempo desde la separación y lo sorprendí en más de una ocasión mirándome de reojo. De a poco comencé a provocarlo. Después de acostar a los niños comencé a vestirme con insinuantes ropas de cama, le preparaba el café y hacíamos la sobremesa. En una de esas charlas le comenté que había visto a Sofía con un tipo. Anselmo con una sonrisa me comentó: "porque será que no me extraña. Está bien, ya pasó, ya no me duele, que haga su vida". Me quedé mirándolo insinuantemente a los ojos y le dije: "entonces tú también puedes hacer tu vida. Me levanté como lo hago todas las noches para ver si se acostaron los niños, ponerme la ropa de cama y venir a prepararte el café para la sobremesa. Anselmo me dijo: atendé a los niños que el café lo preparo yo y llevo a tu dormitorio. “hoy la sobremesa será distinta”
Cuando Anselmo entró a mi cuarto lo estaba esperando con un babydoll y todo era insinuación y deseo.
—!Que hermosa eres nunca te vi con esta ropa de cama.
—La compré hace tiempo pensando en un momento especial
—¿Y este momento lo es?
—El momento y el lugar nunca me importó porque lo único que siempre me importó fuiste tú
—No me compré nada para ti
—Por la circunstancia que rodea la realidad en que vivimos nunca te imagine como un príncipe enamorado. Siempre te imaginé desnudo avanzando hacia mí aturdido de deseo. Sé que Sofia siempre estará en tu corazón y que en algún momento vas a volver con ella.
—Cómo supones que voy a volver con ella.
—Te podrías haber cogido a unas cuantas amigas de ella y no lo hiciste, hubiera sido una venganza que le hubiera dolido. Pero cuando has tenido algún rollo con alguna abogada putita de esas con las que te cruzas en tribunales, lo haces ocultándote.
—¿Cómo sabes todo eso?
—Llevo muchos años en esta casa y se leer gestos, medias palabras y conozco todos tus contactos y se sacar la mentira de verdad. Cuando en esas fiestas de campo, a las que se asiste con la familia, algunos de los concurrentes me han querido levantar. No sabes cómo en esos momentos se les suelta la lengua a algunos de tus colegas.
—No se le puede contar nada a nadie.
—No creo, que el que me lo dijo sea confidente tuyo. Te coges algunas abogada putita y pensas que nadie se va a enterar. ¡Bueno! Yo no soy abogada y todavía no soy economista pero puedo ser tan putita como ellas.
—¿Qué tan putita puedes ser? —Desnúdate y ven a tomar lo que es tuyo, lo que te pertenece desde siempre y lo vas a averiguar.
CAPITULO 2
—Tenemos que cuidarnos que no nos oigan los chicos que después le van con el cuento a la madre. —Viste que es como yo te digo, te sigue importando y mucho. Pero no sigamos hablando qué llevo años esperando este momento.
…
Él se desvistió lentamente dándole a sus movimientos un cierto toque de sensualidad y evitando cualquier gesto de vulgaridad.
Esto encendió aún más a Candelaria que fue ella la que avanzó aturdida de deseo
a los brazos de Anselmo. Después de un apasionado beso se deslizó hasta quedar de rodillas para dar inicio a una intensa felatio. Era jueves por la noche, no pararon hasta quedar exhaustos. Cuando sonó la alarma del teléfono de Candelaria para levantar a los niños, Anselmo salió disparado para su dormitorio.
Era un sexo totalmente clandestino. Se cuidaban de los niños, de las amistades de él, de las amistades de Sofía y de algo muy importante, todavía estaban casados y él temía una denuncia por bigamia que lo complicaría todo.
…
Candelaria recibió su título de licenciada en economía. Al acto de colación de grado asistieron sus padres y amistades, también lo hicieron Anselmo por un lado y, por ser el fin de semana que le tocaba estar con los niños, Sofía, lo hacía también por el suyo.
Terminado el acto formal, Candelaria agradeció y se despidió de todos para irse con sus compañeros a celebrar. Muchos de los egresados fueron a los festejos acompañados por sus parejas. Candelaria lo hizo con Anselmo. Al final de la fiesta se fueron de viaje a la costa, fecha próxima a la temporada de verano, el clima lo ameritaba: ir a cenar, concurrir a algún espectáculo o simplemente caminar tomados de las manos o abrazados. Tuvieron la mutua sensación de un cariño inmenso.
Al poco tiempo Candelaria ingresó a trabajar en una importante consultora vinculada con el bufete de Anselmo.
Los niños ya entrados en la adolescencia no necesitaban tanta dedicación pero sí atención, ese papel lo siguió cumpliendo Candelaria y Anselmo, por supuesto.
Cada vez que podían —los fines de semana que los niños iban con su madre— se trasladaban a algún lugar lejano para poder ir juntos a cenar, ir a bailar o simplemente estar amorosamente juntos o como lo hacían, cada vez que podían, recorriendo el casco viejo de la ciudad tomando una copa como viejos amigos.
Él no quería hacer pública esta relación por temor a que Sofia intentara alguna movida para recuperar a los niños. Sabía que ella se había alejado de sus amistades, que estaba muy consolidada su situación en la empresa y, sin llegar a una ruptura, estaba un tanto alejada de su familia. Anselmo suponía que el peso de la amenaza había perdido sustento y no quería confrontar con su ex. Tenía el temor de que, de haber algún altercado con Sofía, si lograba, dado los documentos firmados y las constancias a su favor que disponía permitirían que todo siguiera como hasta ahora, en el mejor de los casos, Candelaria se iba a tener que ir de la casa, y eso era inaceptable para él, pero fundamentalmente para los niños.
…
La rutina: niños al colegio secundario de doble escolaridad, con almuerzo incluido, llevados por Anselmo y retirados a la tarde por Candelaria. Merienda, repaso y preparación de las materias de estudios con la supervisión de Candelaria, luego tiempo libre hasta la hora de la cena. En ese ínterin, Candelaria, sale para "hacer las compras" algunas veces a la semana "las compras" las hace con Anselmo en un departamento alquilado para tal fin.
La muchacha que hace las tareas de la casa las realiza en las primeras horas de la tarde, después prepara la merienda y deja preparada la cena.
A las ocho de la noche Anselmo y Candelaria ya están en casa y en dos horas más cenarán y luego el café con la charla de sobremesa con roces clandestino y algo más si las circunstancias y las condiciones lo permitían.
…
Que una mujer tan atractiva como Candelaria no haya despertado en Anselmo el deseo de poseerla era algo que en Sofía siempre generaba sospecha. Nunca pudo sacarle nada a los niños y la investigación que mandó a hacer nunca dio resultado. Solo quería saber si esto ocurría para establecer una estrategia que le permita volver con Anselmo, no le interesaba entablar ningún litigio. A pesar de los años nunca perdió la esperanza de volver con él.
Sofía comenzó a mover las fichas para poder cruzarse con él en algún lugar o evento social donde poder saludarlo y cortejarlo.
Le interesaba recuperar su relación con Anselmo y también recuperar su vida familiar que perdió con su separación. Sus niños, en plena adolescencia, pronto iban a adquirir total independencia y en ese poco tiempo lo quería aprovechar para fortalecer el vínculo con sus hijos.
Tampoco le iba a ser fácil desprenderse de algunos amantes furtivos a los que había frecuentado en los últimos tiempos.
Lo que desconocía era lo difícil que podría resultar para Anselmo desprenderse de Candelaria, donde pesaban los sentimientos.
Pero lo conocía y sabía cómo seducirlo. Siempre lo supo, pero debió dejar que pasen los años para intentarlo. Fueron unos pocos meses de locura que le costaron años de lágrimas y de estar sola, lejos de sus hijos y del único hombre que alguna vez amó.
…
¿Qué hace Candelaria en esta fiesta? Se preguntó Sofía la noche en la cual tenía todo preparado para abordar a Anselmo. Un evento empresarial convocado por una importante firma para celebrar la fusión con una empresa tecnológica. Dicha fusión fue manejada legalmente por el estudio de Anselmo y la consultora donde Candelaria formó parte, como asesora de los aspectos económicos en el desarrollo de dicha fusión.
Había ubicado a Candelaria pero no a Anselmo quien apareció junto con el presidente de la firma minutos antes del inicio del evento. Hasta último momento se estuvieron ajustando detalles del acuerdo empresarial.
Sofía ve cómo Anselmo mira tratando de ubicar a alguien, su mirada se detiene en Candelaria.
No demoraría en enterarse sobre los motivos de la presencia de la bella y joven ejecutiva y madre de crianza de sus hijos.
Anselmo, con un gesto, le pide que se acerque. Ésta explica algo al grupo de ejecutivos encabezado por Anselmo y presidente del directorio. Todos prestan debida atención a las palabras de la bella economista. Sofía no sale de la sorpresa de la destacada Importancia de Candelaria en los trámites de la fusión. La breve reunión llega a su fin. Candelaria se retira al lugar donde se encontraba antes de ser convocada por Anselmo acompañada por un miembro de la consultora, que estuvo presenciando su breve exposición,
Esto le hace suponer a Sofía que podría tratarse de alguien sentimentalmente cercano a la muchacha y suspiró aliviada. Esto la tranquilizó. Nunca dejó de sospechar que Anselmo y Candelaria tenían algo oculto, y lo tenían.
…
En algún momento del evento gastronómico Sofía se acercó para saludar a los directivos que celebraban el éxito de la fusión. Los saludo de parte suya y del grupo al que pertenece. Cuando estuvo frente a frente con Anselmo no pudo evitar las lágrimas y un mareo la hizo trastabillar, tuvo que ser asistida por un ejecutivo que en ese momento estaba junto a ella y evitó una caída producto de un desvanecimiento. Tuvo que ser trasladada a un nosocomio para ser atendida. Anselmo se quedó a cuidarla.
Cuando Candelaria supo lo ocurrido se preocupó y cuando se enteró que Anselmo se quedó a cuidarla comprendió que el momento tan temido había llegado.
…
Candelaria:
Tenías razón, me dijo Anselmo cuando no pudo ocultar más su relación con Sofía. “Volver a vernos fue, después de tantos años, algo muy impactante para ambos. Todo lo que tenía escondido durante tanto tiempo salió a la luz y no pude evitar que aflorara el recuerdo y los sentimientos. Siempre pensé que lo había superado pero tú sabías mejor que yo lo que me pasaba. Sufro al pensar que te estoy haciendo daño y no sé cómo remediarlo”. Le dije: estaba preparada para este momento. No me ha sorprendido lo ocurrido. Te amo y te conozco. No te preocupes de mí. Sé que a mi lado no vas a alcanzar la felicidad mientras Sofía esté en tu corazón. Te amo lo suficiente para ser feliz sabiendo que tú lo serás. Solo te pido un poco de tiempo para reubicarme.
“Esta es tu casa”, lo dijo con énfasis,
Yo me voy a vivir con ella y los muchachos decidirán si quieren estar aquí contigo, con nosotros o en ambos lugares.
Los chicos decidieron estar en ambos lugares pero de hecho se quedaron en su casa conmigo de lunes a viernes y algunos días de la semana y los fines de semana, lo pasaban con sus padres.
Por supuesto que lloré a mares la ausencia de Anselmo. A pesar de que sabía que esto podía pasar terminé amándolo. Solo debió ser sexo y diversión pero no fue solo eso.
Me sumergí en el trabajo y en el apoyo escolar y el cuidado de los muchachos para que nada les falte y a sufrir el vacío del fin de semana.
…
Habían pasado más de ocho meses de intenso trabajo y amoroso cuidado de mis amados muchachos y la soledad de extrañar las caricias de Anselmo.
Algunas amigas cansadas de invitarme a salir decidieron venir ella a hacer la fiesta en casa: cuentos, risas, chismes, baile y alcohol. Entre los invitados había un chico muy guapo que se puso a bailar conmigo.
Bien entrada la madrugada se fueron retirando todos. La casa era un desastre. Comencé a decir no se vayan ayúdenme a arreglar todo este kilombo. El único que se quedó a darme una mano fue Pablo, el chico que estaba bailando conmigo. Después de acomodar el desastre Pablo preparó café y me alcanzó la taza con la humeante infusión qué disfruté. Se sentó a beber su café frente de mí. El silencio era absoluto. Me preguntó si podía poner música “tranqui” asentí con una sonrisa y un gesto afirmativo.
La vieja balada en la voz de Rita Coolidge nos decía: “Estamos todos solos”. La melancolía de esa canción me llevó a los brazos de Anselmo, la ensoñación del recuerdo y, con los vahos del alcohol ingerido, me quedé dormida.
Cuando desperté estaba en mi cama tapada y abrigada. Me cambio sin llegar a desnudarme.
Escuché movimientos en la cocina. Me levanté para saber el origen de esos movimientos. Al dirigirme hacia ese lugar pude ver que la cama de uno de los dormitorios estaba desarreglada. Al llegar a la cocina me encontré con la mesa servida y Pablo desenvolviendo una bolsa de delivery conteniendo riquísimos sorrentinos de ricota con salsa a la boloñesa. Me fui en busca de una botella de cabernet sauvignon de la bodega de Anselmo y almorzamos opíparamente.
Luego la sobremesa y las conversaciones que no tuvimos durante la fiesta. Preparé café y nos sentamos juntos en el sillón
Todo fue tomando un tono intimista. Terminamos besándonos. No recuerdo ahora cuantas veces hicimos el amor en esa deliciosa tarde de domingo de ese claro y sereno mes de abril.
El lunes se iniciaba la vorágine semanal: mi trabajo en la consultora, los muchachos con sus estudios y sus rollos adolescentes, las compras, constatar que todo esté en orden hasta la hora de descansar y extrañar a Anselmo. La aparición de Pablo alteró un poco esa rutina. Lo llamaba antes de dormir para charlar y sentirme acompañada.
Llegó el viernes, me fui de compras y luego a preparar la cena y esperar la llegada de Pablo. Fue el inicio de un tiempo muy bonito. Pablo se quedaba todo los fines de semana conmigo y no había cosa que no hiciéramos en la cama.
De lunes a viernes en mis ocupaciones y, los fines de semanas nos disfrutamos el uno del otro.
Cada tanto salíamos a reunirnos y tomar algo con los amigos y amigas pero temprano no volvíamos para continuar con nuestros denodados afanes.
Después de unos meses Pablo, por cuestiones laborales tuvo que trasladarse a otra provincia y solo nos comunicamos por teléfono, hasta que las llamadas se fueron espaciando y un buen día no nos llamamos más.
Volví a las salidas con los amigos y fui teniendo algunos encuentros furtivos con algunos chicos, nada duradero solo un poco de diversión y nada más. Faltaba poco para la finalización del periodo lectivo y los muchachos estaban a punto de terminar sus estudios secundarios y, en poco tiempo, comenzarían la universidad. A la cual yo misma me había ocupado de todos los trámites para el ingreso.
Por ese entonces la consultora me había encargado de asesorar a una empresa para actualizar y hacer más dinámico todo el sistema de administración empresarial. Allí conocí a un directivo de la firma que era un símil de aquel Anselmo, el que me atrajo y me llenó de deseos, no del que me enamoré. Este era rubio, alto de ojos claros y tan altanero como lo era Anselmo en aquellos tiempos. Por supuesto que no le rechace ninguna de las basas que el tipo me tiró. Se llama Antonio y en menos de una semana ya nos estábamos revolcando. El tipo era casado, me lo negó, pero no me importó. Yo volaba creyendo que estaba con Anselmo y él me trataba como si fuera su puta. No soy sumisa pero puedo simularlo para complacerlo. Me gustaba el sexo intenso con Antonio.
…
Los muchachos viajaron para ingresar a la universidad. Los acompañé a la terminal.
Volví a casa ya era tarde y estaba cansada.
Al día siguiente había quedado con Antonio al término del trabajo que con mi equipo estábamos realizando en la empresa.
Nos instalamos en un motel hasta pasada la medianoche.
Cuando llegué a casa me di cuenta que tenía el teléfono sin batería. Lo puse a cargar y cuando lo reinicie me saltaron muchos mensajes. Uno de ellos era de Nico, uno de los muchachos, me decía que estaba bien pero que me extrañaba. Entonces hizo un comentario que me dejó pasmada: “Yo no sé porque el papá no se vuelve a casa, hace tiempo que se volvió a separar de mamá, no están peleados, porque se ven seguido y suelen salir, pero ya no están juntos. A mí me gustaba cuando ustedes se escondían para besarse. Quisiera regresar a casa y volver a verlos juntos”.
No sé explicar que me sucedió en ese momento solo recuerdo que cuando desperté ya había aclarado.
No pude entender que es lo que le impide a Anselmo venir a su casa y hablar conmigo.
Tomé la decisión de irme por si el problema era yo. La separación era algo explicable a pesar de los afectos y el deseo, ambos habían cambiado. Anselmo ya no era el mismo y sospecho que ella también. Quisieron retomar algo que estaba roto y nada iba a ser igual. Lo importante para ambos era cerrar lo que tenían pendiente y comenzar un nuevo tiempo sin el peso del pasado.
…
Hace algunas semanas que alquilé un pequeño departamento amueblado. Era un viernes cuando Nico me llamó para preguntarme porque no estaba en casa. Le expliqué las razones de mi ida de la casa y él me respondió ¿Para qué? Si papá aquí no está. Se vinieron a mi departamento hasta que su madre los vino a buscar. La breve conversación con Sofía me confirmó lo que supuse que había ocurrido. Ella ve a Anselmo a diario y me cuenta:
“Está muy triste, ambos lo estamos, pero de a poco vamos saliendo para poder terminar sin rollos ¿Qué le impide volver a su casa? No lo sé o mejor dicho lo sospecho pero debe querer estar solo y reflexionar con vistas a lo que viene. Si hay otra cosa eso solo lo sabe él”
Lo único que se me ocurre pensar es su rechazo hacia mí, me sentí pésimo y un sentimiento de tristeza me embargó.
…
Anselmo quería estar con Candelaria pero la dejó por otra mina y conociendo a las mujeres tiene miedo que ahora sea ella la que lo deje a él. No quería forzar el encuentro, quería que fuera casual.
Por eso los viernes al dejar las oficinas del bufete se dirigía al casco viejo de la ciudad. Se, sentaba en el bar donde tantas veces —los fines de semana sin los niños— estuvo bebiendo con Candelaria para luego caminar abrazados por las viejas y poco iluminadas calles empedradas hasta un viejo hotel para enamorados donde pasaban la noche a todo sexo.
Ese viernes, como lo venía haciendo desde que se separó de Sofía, llegó al viejo bar, se sentó, pidió un whisky, encendió un cigarrillo y la nostalgia lo llevó a hacer anillos de humo y recordar aquellas sobremesas. Se sentía solo
…
El viernes de esa misma tarde el clima era totalmente desapacible. Hacía solo un momento que Antonio valiéndose de mi supuesta y fingida sumisión me propuso un trío con un amigo suyo. Le dije que no. Discutimos me pegó una cachetada y me mandó a la mierda.
Me fui para el casco viejo de la ciudad donde tantas veces —sabiendo que difícilmente alguien conocido y relacionado con nosotros podría vernos— solíamos pasear y tomar algo con Anselmo. Un lugar donde solo transitan los turistas y con el clima de hoy ni siquiera había turistas. Un lugar alejado del sector bancario y comercial donde él podría ser reconocido.
…
Las calles espejaban en el empedrado del centro histórico de la vieja ciudad el gris plomizo de un típico atardecer invernal que prometía vendaval y lluvia. Candelaria, mientras se desplazaba con pasos lentos y sin un rumbo determinado observaba el transitar de peatones en fuga huyendo del frío y de una precipitación inminente y un viento que se iba intensificando a cada minuto. Sin proponérselo había llegado al viejo bar Unión donde tantas veces había estado tomando algo con Anselmo. Se sentó a la espera que el tiempo de una tregua. Se quitó el abrigo y cuando se distendió una tristeza inmensa la invadió y comenzó a llorar. Cuando levantó la vista vio que alguien venía hacia ella que, entre la escasa luz le pareció conocido. Era Anselmo.
…
Milagro en el Bar Union
Ella está triste y él está solo en el Bar Unión,
afuera el agua cala los huesos del corazón.
Él pide un whisky Caballo Blanco para empezar,
a él los caballos lo ponen siempre... sentimental.
Prende un cigarro y hace un anillo de colección,
el humo viaja camino al techo del Bar Unión.
Ella entretanto piensa en el dandy que la ha dejado,
un tipo duro de ojos azules que era casado.
Mira su cara en el espejo con aflicción,
si no lloviera tal vez saldría del Bar Unión,
pero se queda porque prefiere para el dolor,
la luz espesa, color de luna, que da el neón.
Ella está triste y él está solo en el Bar Unión,
afuera el agua cala los huesos del corazón.
Dios toca el piano, y el segundero en el reloj,
hace rayitas con alfileres en el dolor.
Pero volvamos donde dejamos la narración,
Ella está triste y él está solo en el Bar Unión.
Él pone un disco de Ray Barreto en la vitrola,
va hacia la mesa donde ella llora porque está sola.
No dice nada, corre la silla y saca un pañuelo,
ella lo acepta, alza los ojos, se arregla el pelo.
El hace señas, pide dos tragos pa' continuar,
a él los caballos lo ponen siempre... sentimental.
Caballo blanco para la dama y el caballero.
Afuera sigue hachando el aire el aguacero.
Parece un cuadro pidiendo a gritos exposición
los solitarios color de luna bajo el neón.
Dios cierra el piano, se pone el saco, cruza el salón.
Se va a la calle y sale volando del Bar Unión.
Algunos bares parecen hechos a la medida,
son como besos que hacen milagros en las heridas.
Ella está triste y él está solo en el Bar Unión...
Ella está triste y él está solo en el Bar Unión...
Compositores: Mario Ruben Gonzalez / Daniel Nelson Salsano
Interprete: Jairo
Fin